Go to homepage Store Résumé Hire me

¿La Psicología una anomalía para la teoría del cierre categorial?

Discusión sobre el carácter problemático de la inserción de la psicología en la tipología de situaciones constructivas de la teoría del cierre categorial.

Fecha de publicación

Autor

Juan Bautista Fuentes Ortega

Psicología y cierre categorial

¿La psicología una anomalía para la teoría del cierre categorial?

Por Juan Bautista Fuentes Ortega

  1. Mi propósito en esta ocasión es poner de manifiesto y discutir el sentido del carácter problemático que para la teoría del cierre categorial presenta la inserción de la psicología dentro de la tipología de situaciones constructivas diseñadas por esta teoría con el objeto de apresar los diversos momentos constructivos por los que habrían de pasar las diversas «ciencias humanas y etológicas» posibles. Formulado por el momento rápidamente, el carácter al menos prima facie problemático que para la teoría del cierre categorial la psicología presenta podría hacerse residir en lo siguiente:

En que cuando consideramos ciertos rasgos de la psicología, encontramos, como se verá, que estos rasgos no quedan claramente apresados en la malla de situaciones constructivas que esta teoría ha diseñado al objeto de apresar las diversas posibilidades de construcción por las que habrían de pasar las diferentes ciencias humanas y etológicas. El problema, entonces, que se nos plantea es el de elucidar el sentido de semejante situación de desencaje entre una determinada teoría gnoseológica y una presunta teoría científica, y de hacerlo de modo que, desde luego, no ignore, sino que afronte, los datos del problema.

El problema que nos ocupa es, me permito ser claro, realmente complejo, pues implica una red de cuestiones filosóficas de una envergadura y alcance muy notables. Me conformaré, pues, si consigo plantear, con un mínimo de claridad y pertinencia, las intrincadas coordenadas del problema, de modo que pueda esbozarse siquiera la dirección de su posible resolución.

Veamos.

1. Sentido y estructura gnoseológico-dialécticos de la tipología de situaciones constructivas características de las «ciencias humanas y etológicas»

I. Comenzaré por exponer el sentido gnoseológico de fondo que a mi juicio tiene la construcción de la mencionada tipología, así como su estructura interna. Para empezar, me parece importante destacar que la pretensión de G. Bueno al abordar el problema del estatuto gnoseológico de las ciencias humanas es la de situar el planteamiento de dicho problema a una escala gnoseológica, lo que, al menos en relación con cierto contexto, implica lo siguiente: evitar, de entrada, cualquier caracterización de la naturaleza de lo humano realizada con independencia de la construcción gnoseológica de la idea de ciencia ya ofrecida por la teoría del cierre categorial como teoría gnoseológica general, y resituar, por tanto, la determinación de lo humano que alcancemos a la escala de las pistas que pueda ofrecernos la propia idea de ciencia como idea gnoseológica general ya construida por la mencionada teoría. Como el propio Bueno lo ha expresado, la idea gnoseológica de ciencia puede servirnos a estos efectos, puesto que es posible reconocer en ella una significativa confluencia de los cauces etiológicos y temáticos de la idea de lo humano como determinación de la idea de ciencia. De entrada, en efecto, podemos reconocer que toda ciencia es etiológicamente humana (y también, en parte, animal), en cuanto que realizada por sujetos humanos, de modo que la determinación gnoseológica de lo humano que alcancemos a partir de la propia idea de ciencia de la que ya partimos podrá ser utilizada ahora para detectar aquellos (posibles) rasgos temáticos de aquellas (posibles) ciencias que muestren entre sus contenidos temáticos construidos una semejanza formal mínima con aquellos rasgos gnoseológicos etiológicamente humanos que hayamos reconocido en la idea de ciencia. Semejante modo de construir nos asegura, sin duda, como Bueno señala, la pertinencia gnoseológica interna de la expresión «ciencias humanas» (en particular, nos asegura la pertinencia gnoseológica interna del adjetivo «humano» en la expresión «ciencias humanas»). De un modo significativo, semejante construcción nos previene frente a todo posible apriorismo ontológico en nuestra caracterización de lo humano temático de las ciencias humanas, y nos obliga a filtrar todo reconocimiento de lo humano temático de dichas ciencias a partir de unas coordenadas gnoseológicas de las que ya partimos (de modo que no nos veamos ligados a otros compromisos ontológicos más que a los que, por lo demás, son ya inherentes a toda construcción gnoseológica): semejante filtro nos asegura, sin duda, la pertinencia gnoseológica de nuestra construcción del concepto de ciencias humanas —y, como ahora veremos, de la dialéctica que le es inherente.

Ahora bien: quiero señalar ahora que semejante «rigor constructivo», sin perjuicio de asegurarnos la pertinencia gnoseológica de nuestra construcción —O, más bien, debido a ello— conlleva una restricción de la idea de lo humano a su determinación gnoseológica, restricción que el propio Bueno no ha dejado de señalar. Y la cuestión (esencial, me parece) es la de cuál es eI alcance y eI significado de dicha restricción. Como digo, el propio Bueno no ha dejado de señalar la mencionada restricción: «Sin duda —nos dice—, el rigor con el que se nos asegura esta pertinencia tiene como precio la restricción, acaso excesivamen- te enérgica, de lo «humano» a sus determinaciones gnoseológicas (científicas). Preferimos, sin embargo, metodológicamente, sacrificar, al menos en eI comien- zo, al rigor «geométrico» la riqueza de la idea de lo humano -—que contiene, sin duda, muchas más cosas que las que tienen que ver con las ciencias»1. A tenor de este texto, parece, en efecto, que Bueno no sólo reconoce la mencionada restricción, sino que también indica que ella es de carácter metodológico, provisional. Ahora bien, ¿qué puede querer decir que dicha restricción es sólo metodológica o provisional? No es mi intención, en este momento al menos de la exposición, la de negar ni afirmar que pueda haber contenidos o determina- ciones de la idea de lo humano (y de lo etológico) que rebasen de algún modo las detenninaciones gnoseológicas (etiológicas) de dicha idea; lo que simple- mente señalo es que de haberlas, y de ser posible su reconocimiento, constituye una cuestión ciertamente importante la del sentido y posibilidad de semejante reconocimiento y, en particular, la de la posible relación que cupiera establecer entre el sentido del plano de análisis gnoseológico y el sentido del plano en el que se nos hiciera posible aquel reconocimiento. Las anteriores observaciones no son, me permito decirlo, ni mucho menos retóricas, pues es eI caso que, como intentaré mostrar más adelante, lo que denominaré el «proceso psíquico» y, con él, el conocimiento psicológico, desbordan en cierto sentido importante las determinaciones gnoseológicas de la idea de lo humano (y etológico), de modo que, si esto es así, habremos de vérnoslas inevitablemente con este tipo de cuestiones. Ahora bien, sea cual haya de ser el resultado de nuestra presente indagación, hemos de comenzar por exponer el sentido que tiene la tipología de situaciones gnoseológicas relativas a las ciencias humanas y etológicas tal y como ha sido hasta el presente expuesta por Bueno en sus escritos. Sobre el fondo de dicha tipología y de su sentido contrastaremos después el caso de la psicología.

  1. La restricción del reconocimiento de las posibles determinaciones temá- ticas humanas (y etológicas) al rasante que impone la idea gnoseológica de ciencia en su cauce etiológico hace posible, sin duda, una construcción muy rigurosa de la mencionada tipología del siguiente modo. En principio, podremos identificar como ciencias humanas etológicas a todas aquellas en las que quepa reconocer entre sus campos temáticos al menos algunos contenidos formalmente semejantes al «agente humano» que etiológicamente hace las ciencias (cualesquiera ciencias, para evitar la petición de principio), recono- ciendo a su vez a dicho «agente humano» desde la idea gnoseológica de ciencia, esto es, como sujeto gnoseológico.

Dada, en efecto, una construcción científica cualquiera —o su paradigma: un teorema-, podemos establecer una distinción (de significado más bien epistemológico, como suele señalar Bueno) entre sus momentos formales subjetivos y objetivos, distinción ésta que podemos reconocer como distribuyéndose de un modo preciso en relación con cada uno de los tres sectores de los tres ejes en los que analíticamente cabe despiezar aquella construcción: en el eje sintáctico, sería, desde luego, el sector de las operaciones el momento eminentemente subjetivo —y los términos y las relaciones sólo en cuanto que determinados por el sector fenoménico del eje semántico—; en el eje semántico, sería el sector fenomenológico, desde luego, el que se correspondería con el momento subje- tivo —y no ya los sectores fisicalista y esencial—; y por lo que respecta al eje pragmático, por fin, parece evidente que sus tres sectores (los autologismos, los dialogismos y las normas) constituyen momentos gnoseológicos subjetivos. EI sujeto gnoseológico aparece constituido de este modo por las operaciones, los términos y las relaciones fenoménicas, los autologismos, los dialogismos y las normas. Por lo demás, como Bueno ha señalado, esta oposición, de significado epistemológico, entre los momentos subjetivos y objetivos, no debe entenderse como una bipartición metamérica —como una yuxtaposición entre dos partes enterizas del mundo—, sino realizada según el esquema diamérico de los concep- tos conjugados —de modo que los momentos subjetivos se nos aparezcan como los nexos entre los momentos objetivos y recíprocamente—; a su vez, y por ello, la idea de sujeto gnoseológico no es una idea substancial (cuya unidad fuese simple), sino compleja o múltiple: en cuanto que, por ejemplo, se establece alguna relación entre dos términos fenoménicos merced a una operación (asi- mismo fenoménica) en el curso de un autologismo normado. Sin excluir a los restantes componentes, Bueno asume que el sujeto gnoseológico es, por antonomasia, el sujeto operatorio que incluye a las operaciones y los fenómenos, Operaciones y fenómenos aparecen, a su vez, concebidos por Bueno de un modo íntimamente correlativo, en cuanto que, en efecto, toda operación mantiene su sentido —operatorio— cuando se despliega con y entre fenómenos, a la vez que todo fenómeno llega a darse en el curso de alguna(s) operación(es). Las operaciones, en efecto, son entendidas como manipulacio- nes corpóreas ejecutadas con términos corpóreos, las cuales pueden reducirse, como a sus componentes últimos, a la aproximación y la separación de dichos términos operados; dicha aproximación y separación no deben ser vistas, desde luego, como componentes necesariamente formales de toda operación, pues los momentos formales en los que quepa descomponer en cada caso una o varias operaciones dependerán de la escala a la que estén configurados los términos en dicho caso concreto, escala ésta que no debe figurar a su vez como el resultado de alguna operación y separación; mas, en cualquier caso. cualesquie- ra operaciones dadas con términos configurados a cualesquiera escalas, debe- rán incluir, si no de un modo formal, sí al menos oblicuo, con aproximaciones y separaciones. A su vez, si es que hemos de entender el carácter inexorable- mente subjetivo (esto es, ejercitivo) de toda operación, es menester reconocer que dicha aproximación y/o separación implican unas relaciones sui generis de

distancia: trátase de relaciones de (co)presencia a distancia entre los términos (o partes de estos términos) operados —aproximados y/o separados. Semejante (co)presencia a distancia no tiene, desde luego, ningún sentido fisicalista (no puede ser entendida, por ejemplo, en términos de distancia métrica, que es. en todo caso, una determinada cuantificación categorial de dicha distancia lo que precisamente implicaría asumir el supuesto (metafísico) de la acción a distancia; su único sçntido posible es, por ello mismo. fenoménico: la co- presencia a distancia caracteriza a los fenómenos, y, por ello, a las operaciones en cuanto que ejercitadas siempre entre y con fenómenos. Si el sujeto gnoseológico incluye, pues, por antonomasia, a las operaciones (y con ellas a los fenómenos), podemos partir entonces de una primera formulación para reconocer a las (posibles) ciencias humanas y etológicas. Estas serían, en efecto, aquellas ciencias entre cuyos campos quepa reconocer, al menos en el sector fenomenológico del eje semántico —esto es, siquiera como punto de partida de toda construcción científica—, la presencia de operaciones, esto es, de contenidos formalmente semejantes a las propias operaciones del sujeto gnoseológico desde las cuales se intenta organizar científicamente el campo. G. Bueno utiliza la expresión de «metodologías P-operatorias» para referirse. inicialmente, en general, a los procedimientos constructivos implicados en cualesquiera de estas situaciones. Las ciencias «humanas y etológicas» serían, entonces, ciencias que utilizan metodologías P-operatorias en el sentido indi- cado. Ahora bien, inmediatamente podemos caer en la cuenta de que el concepto de metodologías P-operatorias no es, de entrada, nada obvio, sino internamente problemático. Esto es asf porque según la propia teoría del cierre categorial, las construcciones de las ciencias, sin perjuicio de comenzar necesariamente como construcciones operatorias ejecutadas con y entre fenómenos alcanzan un estrato (semántico) esencial en el que las operaciones (y con ellas los fenóme- nos) quedan eliminadas por efecto de sus propios resultados, justamente cuando estos incluyen el establecimiento —por confluencia operatoria— de relaciones esenciales de identidad sintética, esto es, de verdades. La eliminación de las operaciones gnoseológicas incluye, como digo, claro está, la eliminación de los fenómenos, es decir, de las relaciones de co-presencia a distancia, asf como su sustitución por relaciones —ya no fenoménicas, sino fisicalistas— de contigüi- dad espacial entre las cuales puede tener lugar el establecimiento de las verdades alcanzadas. Si las ciencias, entonces, según la teoría del cierre categorial, llegan a serlo en la medida en que construyen verdades en el sentido indicado, tal parece, entonces. que la presencia de las operaciones entre los contenidos semánticos del campo de una ciencia (siquiera sea, como decíamos, en el sector fenomenológico) compromete la cientificidad de dicha presunta ciencia: en la medida, en efecto, en que la eliminación de las operaciones gnoseológicas por efecto de sus resultados (verdaderos) objetivos parece exigir la correspondiente eliminación de sus análogas en el campo, a la vez que la presencia de estas últimas parece comprometer la posibilidad de eliminación de las primeras, esto es, el logro de resultados (verdaderos) objetivos. EI problema

al que nos referimos podría, pues, formularse así: tal parece que en la medida en que las ciencias humanas fuesen efectivamente humanas quedaría compro- metida su cientificidad, a la vez que en la medida en que fuesen efectivamente científicas, lo que quedaría comprometido es su carácter de ciencias temática- mente humanas. Como se ve, pues, el inicial concepto de ciencias humanas y etológicas como ciencias que usan metodologías P-operatorias es un concepto muy gene- ral o abstracto y de suyo internamente problemático. EI sentido, entonces, que tiene la tipología de situaciones gnoseológicas relativas a estas ciencias dise- ñado por Bueno es precisamente éste: el de despegar la dialéctica interna de este problema y el de hacer así posible la clarificación o resolución del mismo. Por esta razón, dicha tipología no es, desde luego, puramente empírica o factual, sino gnoseológica, pues sus diversos momentos están entrelazados entre sí por el propio despliegue de la dialéctica del problema de la cientificidad de las ciencias humanas. Me detendré ahora, aunque sea brevemente, en exponer los diversos mo- mentos de esta tipología para mostrar, en primer lugar, el sentido gnoseológico dialéctico de su estructura, y para preparar así nuestra ulterior discusión del carácter problemático que la psicología presenta por relación a dicha tipología. Veamos.

  1. El primer desbordamiento dialéctico que podemos reconocer que expe- rimenta el concepto inicial de metodologías P-operatorias tendría lugar cuando consideramos aquellas situaciones en las que partiendo de las operaciones fenoménicas, es decir, de las operaciones dadas en el sector fenomenológico del eje semántico, regresamos constructivamente a estructuras esenciales en donde aquellas operaciones han quedado eliminadas. Bueno propone denominar metodologías a-operatorias a las metodologías que partiendo de un plano fenoménico P-operatorio (esto es, de las operaciones fenoménicas) reconstru- yen estas operaciones fenoménicas de partida mediante estructuras esenciales donde las operaciones han quedado eliminadas. Mas, a su vez, esta eliminación de las operaciones puede tener lugar según dos cauces distintos: en primer lugar, cuando consideramos las situaciones en las que las operaciones fenoménicas de partida quedan regresivamente eliminadas de un modo absoluto (lo que caracterizaría al estado que Bueno denomina como α1, y, en segundo lugar, cuando dichas operaciones sólo quedan progresivamente eliminadas de un modo relativo (estado al que Bueno denominará como a2). En las situaciones α1 nos encontramos con que partiendo de las operaciones dadas fenoménicamente en eI campo regresamos constructivamente hacia un estrato esencial en el que, como decíamos, las operaciones han quedado abso- lutamente eliminadas. Dicha eliminación es, como digo, absoluta en cuanto que dicho estrato contiene configuraciones estrictamente fisicalistas que resultan ser «anteriores» a aquellas operaciones, además de «genéricas» o comunes con las configuraciones de otras ciencias fisicalistas. Se trataría, por ejemplo, por recordar uno de los ejemplos del propio Bueno, del caso de la reflexología, en donde, partiendo de los movimientos musculares operatorios de algún organismo, factorizamos dichos movimientos en los componentes y nexos estrictamen- te fisiológicos contenidos en algún circuito neurofisiológico reflejo. En eI seno de dicho circuito neurofisiológico quedan, desde luego, absolutamente elimi- nadas las operaciones temáticas de partida, en la medida en que, en efecto, los nexos y componentes estrictamente fisicalistas (espaciales contiguos) del cir- cuito neurofisiológico resultan ser anteriores en relación con las operaciones de partida, así como genéricos o comunes con otras construcciones científicas físico-naturales (con las de la fisiología del sistema nervioso, en particular). En alguna ocasión, Bueno ha señalado que una ciencia que alcance el estado α1 ya no debe ser considerada como meramente neutral, en cuanto que su construcción implicaría una crítica de lo que desde sus resultados esenciales resultaría ser mera sabiduría aparente, esto es, el mero conocimiento fenomenológico de las operaciones temáticas de partida. Es importante, sin embargo, me parece, percatarnos de que cabe realizar la crítica de aquella intención crftica cuando reconocemos que los contenidos del estrato esencial fisicalista «genérico y anterior» al que regresamos sólo constituyen partes materiales, pero no forma- les, de las situaciones operatorias temáticas de partida, razón por la cual no pueden reconstruir (explicar) formalmente dichas situaciones: los contenidos estrictamente neurofisiológicos de un circuito reflejo constituyen partes mate- riales, no formales, de los movimientos operatorios del organismo, de modo que no pueden reconstruir (explicar) formalmente dichos movimientos operatorios, precisamente en cuanto que operatorios. No decimos, desde luego, que no sea posible regresar al mencionado estrato esencial neurofisiológico —a partir de las operaciones del organismo—; lo que subrayamos es que la realización efectiva de semejante regreso se desliga de las operaciones de partida de modo que no puede ya reconstruirlas formalmente y por ello explicarlas como tal situación operatoria. Pero ello quiere decir —repárese— que en las situaciones α1 el regreso de las operaciones de partida al estrato esencial (justamente por ser éste «genéri- co» a la vez que «anterior») no incluye el trámite dialéctico complementario del progreso desde el estrato esencial a las operaciones, es decir, que en estas situaciones las operaciones no constituyen , en rigor, un contenidofenomenológico formalmente interno de la construcción gnoseológica: no podemos hablar aquí de «fenómenos operatorios», puesto que las operaciones no están formalmente presentes como fenómenos de la construcción (presentes en el estrato fenomenológico del eje semántico), sino sólo materialmente presentes. Sólo podremos decir que las operaciones constan formalmente como fenómenos gnoseológicos de una construcción cuando el regreso desde éstas a las esencias se vea necesariamente acompañado del trámite dialéctico complementario del progreso desde las esencias a las operaciones, trámite éste que justamente queda cancelado en las situaciones CI. Por ello, deberemos reconocer que, en rigor, eI desbordamiento que las metodologías al operan en relación con la idea general inicial de metodologías B-operatorias es un desbordamiento no dialéctico, puesto que es (digamos) exterior a la propia dialéctica característica de las ciencias «humanas y etológicas».

Dicha dialéctica, en efecto, comienza a abrirse paso en presencia de las situaciones denominadas como a2. Pues ahora estamos en presencia de aque- llas situaciones en las que, partiendo de las operaciones temáticas del campo regresamos constructivamente hacia un estrato esencial en donde, sin perjuicio de que los nexos que configuran dicho estrato no sean ellos mismos operatorios, la propia construcción (regresiva) de dicho estrato no puede hacerse si no es por la mediación del trámite dialéctico complementario del progreso hacia las operaciones de partida, es decir, alimentándose formal y positivamente de dichas operaciones, las cuales, por ello mismo, ahora sí que constan formal- mente como fenómenos gnoseológicos de la construcción. Es por ello, justa- mente, por 10 que ahora debemos considerar a dichos estratos esenciales como posteriores (que no anteriores) a las operaciones, y por 10 que debemos reco- nocer que en dichos estratos las operaciones sólo quedan eliminadas relativa- mente (no absolutamente); en rigor: quedan eliminadas dialécticamente puesto que se requiere formalmente de ellas, justamente a título de fenómenos gnoseológicos, para poder efectuar la construcción esencial que las segrega o elimina. Ahora sí que podremos decir que las estructuras esenciales alcanzadas reconstruyen (o explican) formalmente a las operaciones fenoménicas de par- tida, y que las reconstruyen o explican desde las configuraciones alcanzadas por dicho estrato esencial. Ahora bien, dicha situación puede abrírsenos paso, a su vez, según dos (sub)cursos distintos característicos, que Bueno ha denominado a21 y a211. En las situaciones a21, los contextos esenciales alcanzados, sin perjuicio de ser posteriores a las operaciones en el sentido indicado, son todavía genéricos, es decir, nos remiten a configuraciones que podemos reconocer entre las esencias de otras ciencias fisicalistas o naturales. Tal sería el caso, retomando de nuevo un ejemplo del propio Bueno, en el que una categoría zoológica genérica como puede ser la «necesidad de alimentación» (no ya entendida como una necesidad «subjetivo individual» de cada organismo, sino más bien como una causa que postulamos retrospectivamente cuando reconocemos el hecho de la presencia de bandas humanas que han debido sobrevivir alimentándose) nos permite reconstruir (explicar), por ejemplo, las operaciones de la guerra entre dos bandas humanas, cuando se dan determinadas condiciones ecológicas, como pueden ser la escasez de alimentos para una banda que vive en proximi- dad con otra banda que posee dichos alimentos. Es interesante hacer notar aquí que, en efecto, el estrato esencial desde el que se realiza la explicación es de tipo genérico —genérico zoológico—: ciertas relaciones bio-ecológicas (fisicalistas) que deben estar dándose entre las bandas de organismos (humanos) y la distancia (ffsica) entre la localización de estas bandas y las fuentes de alimen- tación; sin perjuicio de 10 cual, aquello que dicho estrato esencial reconstruye o explica son situaciones operatorias genuinas, como pueden ser las percepcio- nes y relaciones operatorias entre los organismos de una banda y otra, asf como en relación con las fuentes alimenticias. Las operaciones quedan aquí integra- das en, a la vez que eliminadas (reabsorbidas) por, la propia explicación bio- ecológica (a la escala, naturalmente, de la propia configuración bio-ecológica a la que se mueve la explicación: una escala, sin duda, sumamente abstracta y particular, pero que puede ser efectiva). Las estrategias explicativas de la antropología naturalista, en cuanto que se desenvuelve precisamente como zoología antropológica, tenderían a situarse en estos estados a21. Las situaciones a211, sin embargo, serían aquellas en las que el estrato esencial que alcanzamos regresivamente, además de ser posterior respecto de las operaciones, nos introduciría en configuraciones que ya no son genéricas en el sentido indicado, sino que podemos reconocer como específicas de los campos humanos en los que la construcción trabaja. Merece la pena, creo, que nos detengamos mínimamente en considerar eI sentido gnoseológico de estas situaciones 211, puesto que son en cierto modo privilegiadas, en cuanto que las ciencias que se instalan en ellas alcanzan simultáneamente el mayor grado de cientificidad metodológica a la par que son las más específicamente humanas desde el punto de vista temático, además de que la comprensión de su factura gnoseológica dialéctica nos prepara para comprender la trabazón dialéctica que con ellas guardan las situaciones Bl de las que poco más adelante hablaremos. Debemos preguntarnos: ¿En qué sentido son «específicas» de los campos humanos las configuraciones esenciales alcanzadas por estas ciencias? De un modo negativo, cabe comenzar por responder a esta pregunta señalando que dichas configuraciones ya no son fisicalistas (físico-naturales), como 10 eran las configuraciones genéricas de las ciencias a21; quiere ello decir, entonces, positivamente, que los nexos que ligan los términos de estas estructuras esen- ciales tendrán la forma de relaciones a distancia (no de contigüidad espacial), que son precisamente el tipo de nexos que caracterizan gnoseológicamente a las operaciones (y los fenómenos); ahora bien, en cuanto que estratos esenciales de tipo a, dichas estructuras no son ellas mismas operatorias (ni fenoménicas): los nexos que ligan a las operaciones, 0 a sus términos resultantes, no son ellos mismos operatorios, y, sin embargo, dichos nexos, si es que no son ya fisicalistas, deben ser a distancia. Estamos, pues, en presencia de unos nexos inter-operatorios, ellos mismos no operatorios, y a distancia: unos nexos que, no siendo fenoménico-operatorios, puesto que son esenciales, retienen la forma de las relaciones a distancia mediante la que hemos caracterizado inicialmente a las operaciones fenoménicas. ¿Cuál puede ser, entonces, la forma, no fenoménico-operatoria de unas estructuras cuyos componentes al estar ligados entre Sf a distancia puedan por ello incorporar (reconstruir formalmente) de un modo específico a los fenómenos operatorios de partida? Sugiero que dicha forma sólo puede ser la de las estructuras morfo-sintácticas. Hemos de contar, en efecto, con una multiplicidad de individuos operatorios, y por tanto con una diversidad de interacciones o interrelaciones operatorias entre ellos, de modo que entre dichas interrelaciones operatorias (o entre sus términos resultantes) broten unas relaciones ellas mismas no operatorias que puedan convertirse en la pauta, norma o regla esencial y objetiva de aquellas interrelaciones operatorias. Pero estas relaciones (no operatorias) de (inter)relaciones (operatorias) sólo pueden tener la forma de alguna estructura morfosintáctica como para que, en efecto, no siendo fisicalistas (genéricas), puedan convertirse en la pauta o norma esencial y objetiva, a la vez que específica, de las operaciones y de sus relaciones operatorias. EI concepto de estructura morfosintáctica, tomado inicialmente de la lingüística estructural, puede ser generalizado sin dificultad, en efecto. me parece, para caracterizar a la forma de las estructuras objetivas esenciales específicas de los campos humanos —y etológicos donde cupiera encontrarlas empíricamente— esto es, de las instituciones socio-culturales; el concepto de estructura morfosintáctica lingüística se nos aparecería de este modo como el «primer analogado» de una idea (filosófica) que podemos ver realizarse también en otras «obras» humanas específicas (socio-culturales). Según esto, no sólo la morfosintaxis de alguna lengua natural en particular, sino también, pongamos, una hacha de sílex paleolítica, un edificio arquitectónico (una cabaña, una pirámide o una catedral gótica), un automóvil o un acelerador de partículas, serían estructuras morfosintácticas específicas de los campos humanos. Entre otras virtudes, el concepto de estructura morfosintáctica nos permite apreciar el carácter «arti- ficial» de toda obra humana específica: artificial, en efecto, no ya en el sentido de caprichoso, convencional o caótico —pues nada puede haber, a escala humana, tan sólidamente legalizado como dichas estructuras—, pero sí en el sentido de que ninguna configuración natural-fisicalista puede determinar la forma de dichas configuraciones morfosintácticas: sí en el sentido, en efecto, de que dada la posibilidad (histórica) de varias alternativas socio-culturales, cualquier configuración natural-fisicalista sólo puede ser un contenido mate- rial, pero no formal, y por ello no puede reconstruirla formalmente, de la alternativa realizada. Las «operaciones de la guerra» a las que antes nos referíamos (en relación con el estado a21) pueden adoptar según IOS casos configuraciones socio-culturales respecto de las cuales las categorías zoológi- co-genéricas ligadas, por ejemplo, a la «necesidad de alimentarse», no tienen ninguna potencia reconstructiva (explicativa) formal. A1 regresar estas ciencias hasta un estrato esencial objetivo él mismo no operatorio (de tipo a) que permite reconstruir (explicar) las operaciones fenoménicas de partida, a la vez que dicha reconstrucción se hace de un modo específico en el sentido indicado, dichas ciencias aúnan, como decíamos, el grado más alto de cientificidad metodológica al mayor contenido humano temático específico. Se trata de las ciencias que podríamos denominar como ciencias «estructuralistas» o «del espíritu objetivo», y entre las cuales habría que incluir, de entrada, desde luego, a la lingüística estructural, pero también al menos en cuanto alcancen efectivamente sus construcciones— a ciencias tales como la economía política, la sociología, o la antropología cultural. Pues bien: la comprensión de las situaciones a211 nos abre la puerta, creo, como antes sugería, para comprender el sentido gnoseológico de las situaciones que Bueno ha denominado como Pl. Veamos. Cuando el plano P-operatorio no sólo no es eliminado regresivamente del campo, sino que se mantiene formalmente, y no ya sólo a título de fenómenos, sino incluso como contenido esencial, estamos en presencia de las situaciones que Bueno denominará metodologías P-operatorias, no ya ahora como idea inicial general (cuyo desenvolvimiento dialéctico estamos contemplando), sino para caracterizar en particular a los estados o situaciones concretos de tipo B. La diversidad de estados de tipo p nos ofrece una estructura que se corresponde en principio con la diversidad de estados de tipo que acabamos de considerar: así, los estados p se nos presentarán como desplegándose, de entrada, en dos situaciones posibles, PI y 92, que se corresponderían, en principio, con a2 y CLI respectivamente; a su vez, los estados Bl se nos subdividen en dos (sub)estados, PII y PI II, de un modo correlativo a las dos situaciones que hemos podido reconocer en a2, 021 y Q211. Como hemos dicho, las diversas situaciones de tipo B ocurren cuando el plano B-operatorio no es eliminado del campo de la ciencia, sino que se mantiene incluso en su nivel esencial; quiere ello decir, pues, que en estas situaciones se deberán mantener, a 10 largo de toda la construcción, las opera- ciones del sujeto gnoseológico —éstas no deben quedar segregadas por efecto de sus resultados constructivos esenciales—, y hasta tal punto que se llegue a producir alguna forma de identidad entre dichas operaciones del sujeto gnoseológico y las operaciones que constan como contenidos temáticos del campo. Pues bien, la primera distinción que cabe establecer, entre los cursos PI y 92 que se nos abren dentro de las situaciones de tipo B, depende del tipo de identidad que en cada caso se dé entre las operaciones gnoseológicas y las temáticas, o, si se quiere, del modo concreto como las operaciones gnoseológicas re-produzcan o reconstruyan a las operaciones temáticas. Cuando las operaciones gnoseológicas re-construyan efectivamente a las operaciones temáticas, de modo que logren una identidad esencial respecto de estas últimas, pero sin llegar a ser las mismas que ellas, es decir, sin llegar a darse una continuidad numérica o substancial con ellas, estaremos en presencia de las situaciones PI; sin embargo, cuando las propias operaciones gnoseológicas sean substancialmente idénticas con las operaciones temáticas, o estén en continuidad numérica con ellas, de modo que sean las mismas operaciones —cuando, por así decirlo, sean las propias operaciones gnoseológicas las que ocupan el campo temático—, estaremos enton- ces en presencia de las situaciones 92. Las situaciones PI se nos despliegan. a su vez, como decíamos, en dos (sub)cursos posibles. En ambos casos, partimos de un plano fenoménico que contiene formalmente operaciones, y en ambos casos regresamos hacia un contexto esencial que, siendo esencial, sigue siendo operatorio (a diferencia de los estratos esenciales de las situaciones a en donde, como veíamos, quedaban eliminadas las operaciones). Ahora bien, el plano fenoménico del que partimos puede contener, como decíamos, formalmente operaciones según dos modos distintos: o bien indirectamente o bien directamente; en eI primer caso, 10 que consta como contenido fenoménico directo no son ya operaciones, sino objetos fenoménicos despiezados en una multiplicidad de aspectos, objetos que en algún momento debieron ser construidos operatoriamente por los sujetos operatorios temáticos del campo, pero que se presentan fenoménicamente en el campo dos e una multiplicidad de aspectos, de modo que la tarea del

Footnotes

  1. Ver en Bueno, G.: «En tomo al concepto de «ciencias humanas»: La distinción entre las metodotogfas a-operatorias y P-operatorias», EI Basilisco, 2 (1978), 14-47: 24, ↩

Subscribe to my newsletter to get the latest updates and tips on how my latest project or products.

Crafting timeless design through clarity, precision, and collaboration.

We won't spam you on weekdays, only on weekends.

Latest insights

view all
Hardware y Software un caso de Conceptos Conjugados

(01) Hardware y Software un caso de Conceptos Conjugados

¿La Psicología una anomalía para la teoría del cierre categorial?

(02) ¿La Psicología una anomalía para la teoría del cierre categorial?

Análisis Gnoseológico de las Ciencias Computacionales

(03) Análisis Gnoseológico de las Ciencias Computacionales